ABUSOS CONTRA NIñOS Y MENORES

PROHIBIDO OLVIDAR

Hay personas que dicen que el tiempo borra las cosas. Que los años pasan y que todo queda atrás.Tal vez sea así para algunos. Pero para mí no. Será que mi memoria es de elefante, pero yo no puedo olvidar. Y tampoco debemos olvidar. Durante muchos años, cuando ocurrían abusos, injusticias o crímenes contra la […]

PROHIBIDO OLVIDAR

Hay personas que dicen que el tiempo borra las cosas. Que los años pasan y que todo queda atrás.
Tal vez sea así para algunos. Pero para mí no.

Será que mi memoria es de elefante, pero yo no puedo olvidar.

Y tampoco debemos olvidar.

Durante muchos años, cuando ocurrían abusos, injusticias o crímenes contra la dignidad humana en Cuba, no existían los medios para denunciarlos. Las víctimas quedaban aisladas. Los testimonios se perdían en el silencio. Las historias morían con quienes las vivieron.

Hoy es diferente.

Los medios de comunicación, las redes y la información nos han dado algo que antes no existía: la capacidad de denunciar y exponer la verdad.
Muchos no se dan cuenta del poder que tiene la información.

La información expone.
La información remueve los recuerdos.
La información revive la historia.
Y, sobre todo, evita que los crímenes vuelvan a repetirse.

En el transcurso de mi vida viví cosas que ningún niño debería vivir.

Con apenas ocho años, presencié acto de repudio en mi propia casa.
Vi cómo personas buenas, trabajadores, padres ejemplares, vecinos queridos, eran señalados, perseguidos y marginados.

Vi casas registradas una y otra vez por la Seguridad del Estado, buscando cualquier objeto que pudiera considerarse “peligroso”.
A veces era simplemente un articulo que hablara de la Biblia.

Todo eso ocurría delante de sus esposas.
Delante de sus hijos llorando.

Muchos de mis amigos desaparecieron de mi vida por todas partes del mundo. Algunos terminaron en prisión. Otros murieron.

De algunos no tengo ni siquiera una foto.

Solo conservo el recuerdo de Irma.

Irma, la bella Irma de Sagua la Grande, dejó marcado en mí un antes y un después. Su recuerdo vive en mi memoria como símbolo de una generación que sufrió en silencio.

También murieron Gravielito y su padre Graviel.
En mi pueblo las noticias tristes se repetían constantemente: muertes, ahogados, tragedias que parecían no tener fin.

Cada una de esas historias forma parte de una memoria que no se puede borrar.

A veces me pregunto cuánto me gustaría tener el poder para ver justicia real.
Para ver a los responsables responder ante la ley.

Pero también sé algo muy importante:

Esto no fue obra de una sola persona.
No fue solamente Fidel Castro.

Fue también responsabilidad de todas aquellas personas que, con total indecencia, con desprecio por la verdad, con ignorancia o con oportunismo, se prestaron para mantener durante décadas un sistema que destruyó vidas.

Un sistema que persiguió, humilló y encarceló.

Por eso repito algo que considero esencial que todos entiendan:

Lo único que detiene a estos regímenes es la ley, la presión y la exposición pública.

Cuando la verdad sale a la luz, cuando los nombres se conocen, cuando las historias se cuentan, el poder del miedo empieza a romperse.

La justicia puede tardar.
Pero la memoria no debe desaparecer.

No se puede dar a sistemas como el comunismo ni el más mínimo espacio de impunidad. Porque un sistema que no permite que otros existan políticamente, que no respeta los derechos de los demás, pierde cualquier legitimidad moral para reclamar derechos propios.

Las libertades religiosas que hoy existen parcialmente en Cuba no nacieron de la generosidad del régimen.

Nacieron de la necesidad.

Cuando desapareció el apoyo de la Unión Soviética y la economía se derrumbó, el sistema tuvo que abrirse parcialmente al mundo para sobrevivir.

Pero la memoria sigue ahí.

Sé que muchas personas buenas, decentes, apoyan lo que hago. Personas que creen en la verdad, en la dignidad y en la justicia.

Pero también digo algo con total claridad:

Aunque el 99% de la población estuviera en mi contra, lo haría igualmente por ese 1% que merece justicia.

Porque esto no se trata de reconocimiento.
No se trata de beneficios personales.

Se trata de algo mucho más importante:

Defender a las personas buenas de nuestro pueblo.

Por eso repito, hoy y siempre:

PROHIBIDO OLVIDAR.

Que se haga justicia, aunque sea parcialmente.
Y mientras tenga vida, seguiré luchando para que esa justicia llegue. Que Jehova Dios la complete a perfeccion cuando establezca su reino.

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